viernes, 11 de diciembre de 2009

Dulce disposición



Casi dos meses sin escribir. Qué jodido. Abandoné este blog, abandoné mis ganas de escribir y aún no descubro por qué exactamente. Sé que necesito retomarlo, me lo piden las manos, la cabeza y el corazón. Hoy lo intento, hoy quiero regalarle un poco de dulce disposición a mi escritura. Poco a poco. Mi escritura puede ser débil, tal vez porque yo estoy débil. Quién sabe.

Las coincidencias a veces son amables y en otros casos son una mierda. Hoy, por fortuna son amables. 500 days of Summer es una peli que he traído en la cabeza desde hace casi un mes y en ella aparece esta hermosa canción con la cual me retopé esta mañana en la que no ando muy de buenas y en cuya letra me refugio por un momento, o un día, o un año ¿quién puede decir lo que va a pasar en esta vida?… “Sweet disposition… a moment, a love, a dream, a laugh, a kiss, a cry…”

viernes, 9 de octubre de 2009

OLVIDO Y POLVO



Así tengo a este pobre blog, como el título de este post, lleno de olvido y de metafórico polvo que le llega desde la calle, desde mi desdén por él, desde este drama que estoy montando al más puro estilo de Libertad Lamarque porque no he tenido el putísimo tiempo necesario para ponerme a escribir tantas cosas que necesito escribir (no sólo en este blog).

Y bueno, las cosas van a una velocidad pocas veces experimentada en mi vida, pero al mismo tiempo vienen con un raro efecto cinematográfico que las hace parecer como detenidas en el tiempo, y lo que pasó un lunes siento que apenas va a pasar y si estoy planeando algo para el sábado, perfectamente puedo despertar y darme cuenta de que ya es sábado... Uuuuh, ¿inquietante eh?

Depeche Mode vino y se fue, y me dejó cansadísimo pero contentísimo, y hasta les dejé su lugar para una canción buenaza que hace años no escuchaba (la tienen por allá arriba). Fui al concierto con mis primos de toda la vida, con los que compartí muchísimas mañanas de 25 de diciembre entre regalos y ponche y carne recalentada; con los que tengo montañas de fotos muy bien peinaditos y arregladitos ellos (yo no tanto). Gran reencuentro con ese Víctor y ese Jorge, debo decirlo. Son todos unos amos de casa, casados y uno, el primero, hasta con dos hijos a cuestas (bueno, entre él y su esposa).

Y yo sigo siendo el que los hace reír con idioteces y comentarios sobre la falda de aquélla o el peinado de aquél, el único que fuma, el único que no está casado, el que es capaz de putear en su cara a un segurata de Depeche Mode y salir limpio y sonriente por la "gracia" que se acaba de aventar (mientras los otros dos me veían con cara de "¿qué pedo con el primo?".

Un gusto volver a verte blog. Espero no dejarte tanto tiempo olvidado. Me sirve tanto poner letras en ti.

Por cierto, me rompieron el cristal del auto y se llevaron mi USB y toooodo mi material para las clases... una mierda, se siente uno como violado.

viernes, 18 de septiembre de 2009

"Me canso, de vez en cuando..."



He aquí lo que se conoce como un “Punto de referencia”.

El que ven arriba es Lionel Messi. Me acabo de topar con este video, el primer informe que hacían de él en televisión, porque ya a sus 12 años pintaba como todo un crack, lo cual el tiempo no desmintió y hoy el nene es el mejor jugador del planeta y gana cerca de 10 millones de euros al año (hagan las cuentas y ni siquiera piensen en lo que también se embolsa por publicidad, porque da miedo).

A Messi, da la casualidad que lo vi debutar como goleador del Barça a principios de 2005. Ocurrió en un pub irlandés de la calle de Ferrán; el partido era contra el Albacete y en él, Messi hizo el mismo gol dos veces: en el primero, tomó el pase de Ronaldinho, miró al portero y se la echó por encima. Golazo.



Como el imbécil del árbitro lo anuló por un fuera de juego que no existió, dos minutos después repitieron la jugada casi paso a paso. Golazo No. 2. Trágate ésa árbitro. Lo festejé como pocas veces he festejado un gol y hasta una pareja de mexicanos que andaban turisteando por Barcelona se sorprendieron de mi euforia.
El niño argentino prometía.

Es el mejor jugador que he seguido desde su primer minuto de carrera. A todos los demás que considero "GRANDES" los conocí cuando ya eran "GRANDES". A él no. A él puedo presumir que lo vi desde cero. Y eso me hizo pensar en mi abuelo, que habla así de tantos y tantos jugadores así en su vida. Y eso me hizo pensar que joven, lo que se dice joven, ya no soy. Que ya puedo decir esas frases como de adulto que suenan a: “Uuuuy, hijo, yo lo vi jugar desde que era pequeñito, lo vi debutar en Barcelona cuando él apenas tenía 18 años y yo 26…”

Entonces, el tal Messi –pensé a lo largo de toda esta semana– se ha transformado ya en un punto de referencia en mi vida, y también (por eso escribo este post) en un extraordinario pretexto para decir que el haberme encontrado el video del “Messi Niño” la misma semana que le quité el polvo a varios álbumes de fotografías para compartir las imágenes de lo que fueron mis primeros años de vida, no lo califico de “coincidencia”.

Ahí estaban las fotos y ahí estaba yo a los 2 meses… a los 2 años… a los 8, 10, 12, 14, 16, 21, 22, 24 años. Pffff. Me dio vértigo. Me dio gusto compartirlo. Me dio escalofríos ver las mutaciones de mi rostro. Me dio nostalgia. Me dio tristeza de ver a algunos de los que ya se fueron. Me dieron vergüenza algunos cortes de cabello de mi adolescencia. Me dio sobre todo alegría ver que en la inmensa mayoría de las fotos tengo una sonrisa y me da gusto decir que la inmensa mayoría de mis días y noches actuales, también.

“Me canso, de vez en cuando”, confiesa Messi con una sinceridad que da gusto, que casi le envidio.

Ahora sé que no sólo le admiro los goles que mete, sino esa capacidad que -perdón por el cliché- muy probablemente sólo tienen los niños para decir las cosas tal como les vienen a la cabeza.

“Me canso, me aburro, me desespero, me cuestiono, me entristezco, me abrumo, me acobardo, me encabrono, me siento solo, me angustio…, de vez en cuando”, dijo un adulto.

Y siguió adelante, con una sonrisa perfectamente dibujada en su rostro.

Ando de humor para Au Revoir Simone, así que... quiero una canción triste.


"Play me a sad song,
'Cause that’s what I want to hear
I want you to make me cry
I want to remember the places that we left
Lost to the mists of time"

lunes, 14 de septiembre de 2009

AL TIRO

Expresión muy útil para cuando uno quiere decir que debe ponerse alerta, estar atento a lo que pasa alrededor y ponerse disciplinado para que las cosas no pasen de largo.

Expresión que me reboto en la cabeza prácticamente todo el domingo, pero sobre todo mientras cafeteaba y revisaba trabajitos universitarios y me di cuenta que ya es 13 de septiembre y que justo mañana termina el plazo para enviar mis textos a un suculento concurso de Caza talentos literarios que organiza la UNAM... mierda!

Ajá... mierda! (Me) Prometo (y aquí lo dejo por escrito) ponerme al tiro con mi escritura para no volver a dejar pasar una oportunidad como ésta, porque eso de que uno se pueda ganar un buen dinerito haciendo lo que más le gusta en la vida y que por una absoluta falta de disciplina se diluya dicha posiblidad, no está nada bien. Nada. He dicho. Y ahora ni música pondré.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Ritmo y más ritmo en el mes de la patria



Estos de Röyksopp vienen a Guadalajara, al Sonofilia, y es éste el ritmo que le quiero imprimir a mi nuevo texto, surgido en pleno septiembre de 2009, a ver si me sale:

El primer post que escribo después de que el ritmo de mi vida cambiara por completo se había retrasado días y días, pero por la mejor razón que se me podría ocurrir: la Fernández (July para los cercanos) ya aterrizó en México con el ritmo cardíaco de un oso en su etapa prehibernatoria (je, ¿a que sí?) y en resumidas cuentas había ocupado el 97.5% de mi concentración, algo que incluso cotejé con un aparato que tengo en la oficina y que no le presto a nadie.

Estaba yo hablando del ritmo. Decía que el mío cambió radicalmente y desde este blog lanzo una plegaria para que mis ritmos (repetiré esta palabra todas las veces que sea necesario) de vida experimenten movidas de este calibre una y otra vez, porque son los que hacen que valga la pena.

Tiempos, ritmos, timing, personas, afectos, amores, decepciones, bilis en el trabajo, amigos, proyectos... lo veo todo como una nube que se hace y se deshace continuamente, que adquiere formas caprichosas día con día, que desata tormentas esplendorosas y lloviznas tranquilizadoras, que produce el líquido necesario que logra regenerar todo aquello que se encuentra a su paso y lo refresca, le inyecta nueva vida y le permite a los ojos que cíclicamente se empañen y se limpien y así sean capaces de ver nuevas cosas.

Al darle la bienvenida a ella, le doy la bienvenida a un nuevo libro que ansío escribir ya (al más puro estilo bíblico) en el cual están presentes mis flamantes clases de alemán (a'i te vamos Berlín), interminables desayunos con chilaquiles, fruta y café con coffe mate (así se escribe?), una nueva temporada Blaugrana, la primera victoria de los Pumas, los anhelos de mi carnal allende el charco, la presencia y buena salud de mis padres, los dos o tres proyectos universitariotrasatlánticos que traigo bajo el brazo que si cuajan me cago y (pausa) una certeza que me encanta:
Nada tengo hecho, todo está por construirse.

jueves, 27 de agosto de 2009

Lennon rules



Lo sé, lo sé... demasiados Beatles últimamente en este blog, pero no puedo hacer nada, y mucho menos con esta piececilla, la cual (exceptuando algunas exageraciones líricas de Lennon) se acopla perfectamente a este jueves 27 de agosto de 2009, día previo al 28 de agosto de 2009, día en el cual me alisto para partir a la Ciudad de México a recibir a... el lunes pondré todo lo (bueno) que le falta a este post.

Au revoir.

lunes, 24 de agosto de 2009

ESTA SEMANA TE VI DE LEJOS

Te vi hacia el viernes. No estabas lejos de la parada del autobús, pero creo que me equivoqué y tal vez no eras tú. Pero no pasó mucho tiempo y volví a verte, y otra vez era viernes, o por lo menos eso creía, porque de fechas y cosas de ese tipo ya no quiero saber gran cosa.

Esta vez te vi en una tienda de nieves de garrafa, comprando una de guayaba con coco, pero pensé: “No puede ser ella, no le gusta el coco”. Así que volví a desechar la idea de que te vi el viernes.

No hace más de una hora te volví a ver; estoy seguro de que te vi y estoy seguro de que en algún lado algo me señalaba que era viernes y que ahora todo coincidía: tu cabello, tu gusto por los antojitos mexicanos, una blusa azul cielo, una sonrisa que todos podían escuchar en el restaurante, desde la cajera hasta la niña que estaba al fondo tomando una fanta de naranja.


"Where do you go to my lovely... Tell me the thoughts that surround you
I want to look inside your head..."

Cuando decidí quitarme los lentes oscuros para poder enfocar como Dios manda y no tener dudas, el reflejo del sol me dejó por un momento viendo todo blanco, así que tuve que esperar unos segundos para que mi vista pudiera hacer su trabajo. Habías desaparecido entre la gente; tal vez habías pagado y te habías subido a un coche sin que me diera cuenta y me entristecí, por no haber confirmado si eras tú o no.

Pero inmediatamente me tranquilicé y dejé de maldecir al sol por haberme encandilado cuando comprobé en el pequeño calendario de una tienda a un lado del restaurante que no era viernes, que no era posible que estuvieras aquí si no era viernes.

El siguiente viernes sin duda será viernes, ya lo comprobé en muchos calendarios. Creo que te vi atravesando una puerta automática con muchas maletas encima, y creo que tenías los ojos un poco cansados por el viaje, pero nada grave.

Dime que sí eras tú la que vi el viernes, para no dejar de sonreír.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Gracias, agua



El lunes, en cuanto llegué del trabajo, se desató una espectacular tormenta, de ésas que te permiten exclamar: “¡Mira, no se ve nada del otro lado de la calle!”

Viento, agua, muchísima agua y, de pronto… ¡pum! El transformador de la esquina explotó y nos dejó a Jorge y a mí sin luz en el departamento.

Con él, uno de mis mejores amigos desde hace más de 15 años, pocas veces coincido desde que compartimos el departamento, pero el pedazo de tormenta que se desató nos regaló casi dos horas de charla y cigarros literalmente a la luz de las velas. Unas cervezas un poco más tarde y a dormir.

Se vinieron temas y temas y carcajadas y carcajadas y consejos y consejos uno tras otro, un encabronadamente buen diálogo que simplemente nos puso muy de buenas a los dos.

Es un honor poder vivir este tiempo con un amigo así. Y, como ha pasado últimamente (Liverpool lo he traído en la cabeza todo agosto), me vino a la cabeza el buen Lennon y su “In my Life”, una de esas piezas que de vez en cuando me pone los ojos húmedos, la cual dedico a un grupo de personas en este planeta que puedo contar con los dedos de UNA mano:

“There are places I'll remember
All my life though some have changed
Some forever not for better
Some have gone and some remain…

…Some are dead and some are living
In my life I've loved them all…

But of all these friends and lovers
There is no one compares with you…”


Ni siquiera sé si esas personas sepan quiénes son.
No importa, eso sólo me pertenece a mí.

lunes, 3 de agosto de 2009

Confío en mis brazos


“And a woman needs a man, like a fish needs a bicycle…”

Mi nuca, mi espalda, mis piernas y mi entrepierna dicen que hace calor, que agosto llegó con lluvia, mucho bochorno y esas tormentas nocturnas que han resultado tan terapéuticas a la hora de intentar dormir.

Qué largos se están haciendo estos días; qué difíciles los amaneceres; qué extraña mezcla de expectación y desesperación nunca antes experimentada; qué época ésta para pensar, acomodar, limpiar y sacudir la casa e intentar poner en perspectiva mil y un cosas.

Agosto de sangre nueva. En menos de una semana he abrazado a dos bebés, él y ella, los bebés de dos amigas que aprecio profundamente.

A él, de apenas una semana, lo alimenté con el biberón; a ella, de poco más de un año, la pude dormir en medio del constante ruido de un restaurante viviendo su pleno desayuno dominical.

A ambos les puse los brazos alrededor y, más allá de cualquier sentimiento paternal que pudiera estarse asomando, me regalaron una experiencia inesperadamente intensa que me ha marcado profundamente durante este final de vacaciones veraniegas.

Hay aún muchos huecos en mi vida. Algunos identificados, otros no. Hay algunas ausencias que me duelen, y mucho. Hay algunas presencias que me nutren, y mucho. Hay muchas otras que desgastan, y que agradezco, porque siento que me permiten renovar el tanque con combustible fresco y de mejor octanaje.

Me explico: soy un tipo preocupado por el medio ambiente que no quiere convertirse en un emisor contaminante que ande por ahí lanzando toda clase de gases o sentimientos mal afinados que dañen a quienes me rodean. No quiero.

Y no sé por qué, pero esos bebés me hicieron sentir que puedo.

Rodear al mundo con los brazos…, siempre me gustó esa idea ("Tryin' to throw your arms around the world" es de las que me permite respetar a U2).

Rodear a quien amas con los brazos…, si le metes honestidad y tienes algo de suerte, la sensación bien puede ser la misma.



Marce, el pequeño Jorge, quien esto suscribe y Ricardo.

martes, 28 de julio de 2009

Dos pedales, una ciudad y un trasero castigado



Mucho, por no decir todo, de lo que te puede pasar o no pasar es cosa de tiempo, de velocidad, de sincronía, de saber mirar, de volver a mirar e incluso de cerrar los ojos (consciente o inconscientemente).

Sé que no estoy diciendo nada original en este párrafo, pero eso no le resta validez, sólo viene a servirme como una especie de introducción a la breve narración de mi primer recorrido por la ciudad desde una perspectiva absoluta y completamente distinta: sobre una bicicleta.

Desde las lejanas tierras del Baratillo y pasando por el puente peatonal al lado de San Juan de Dios, mercado tantas veces visitado por mí en busca de tenis, piratería o reportajes culturalosos, hasta pasar por el Centro y luego por el edificio de la universidad y de inmediato enfilar hacia la casa paterna, mi nueva bicicleta alcanzó sin problemas varios objetivos nada complementarios: me hizo sonreír durante más de media hora, me mostró a la ciudad, sus edificios y su gente de otra manera (mucha arquitectura tapatía apesta, pero la gente anda muy de buenas en la Vía Recreactiva, tal parece) y me provocó un extraordinario dolor en el culo. Hacía más de un año que no montaba en dos ruedas y mis nalgas lo pagaron con todo e intereses.

Pasó la tarde, comí como un cerdo (la bici te quita ciertas culpas a la hora de tragar) y me dije: “Bien, ¡venga, un segundo viaje te espera!”, convencido de que ningún camión me asustaría, de que podría ir de casa de mis padres hacia el departamento vigoroso y veloz…

Al cabo de 40 minutos, el dolor se incrementó; cada bache o irregularidad en el pavimento era una pesadilla aproximándose; cada metro recorrido un recuerdo de que el cigarro jode tu respiración y, como remate, apareció ese ciclista hijo de puta que me rebasó y se alejó en pocos minutos varias, varias, varias, varias calles, conviertiéndose en una dura afrenta que mi orgullo hace años no experimentaba.
De ésas que calan.

Pero mi bici está de puta madre y me divierte muchísimo y haré ejercicio y puedo ir por el periódico en ella y, y, y… arriba se ve cómo disfruta Ringo la suya.