miércoles, 12 de diciembre de 2007

&/$%*^Ç!!!

Ni bienvenida como campeón, ni nada.

PUTO ATLANTE. ES TODO POR HOY.

(Y eso que París amortiguó el putazo, pero de ese viaje con mi hermano hablaré luego. Hoy no hay ni foto, ni canción, ni nada).

Ah, por cierto, saqué Matrícula de Honor en la tesina, jeje, pero también hablaré luego de eso. Se siente chido y desde acá mando un ABRAZO a todos los que me apoyaron, en el día y en la noche. Gracias, de todo corazón.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Paren las prensas...


¿Recuerdan aquello de que me costaba trabajo encontrar momentos de tranquilidad mental y sonrisas plenas? Bueno, ni hablar, sé que soy un ordinario e incluso he escuchado la palabra "naco", pero así son las cosas y el caso es que: los PUMAS están en la FINAL!

Eso, como algunos lo saben y si no se los informo, me da harto, hartísimo gusto, je, porque a lo mejor me dan la alegría de llegar como campeoncete y así poder restregarlo por las calles de la ciudad como ya lo hice hace tres añitos, cuando derrotamos a las Chivas y me la pasé ondeando mi camiseta auriazul por varios centros comerciales de la Perla Tapatía.

Lo único que lamento es que la final sea contra el Atlante de Cancún (qué asco de concepto, nombre, imagen, todo) y no contra las Chivas, lo cual hubiera sido genial para meterle el miedo en el cuerpo a tantos y tantos conocidos que tengo aquí y allá. Porque, siendo honesto, ¿a quién podré chingar si somos campeones?

Dudo mucho que alguien sufra por la derrota (muy probable), de los Potros de Cancún (Dios!, lo escribo y me sale como salpullido). Da igual, yo lo celebraré solito en Canaletes con una Xibeca o una cerveza/fanta/cola/beer y listo.

Enhorabuena a los Pumas; denme esa alegría de bienvenida ¿va?

sábado, 1 de diciembre de 2007

Un poco de sueños sin sobresaltos, por favor...


No es que quiera saturar esto de videos de Youtube, en serio, pero honestamente hace rato que no duermo tan bien como quisiera. Mi cabeza está partida en demasiados fragmentos; muchos más de los que quisiera y menos de los que se necesitan para ser candidato al diván. “Estable…, pero debe mantenerse en constante observación” sería el diagnóstico de un médico serio y con suficiente ética profesional.

Dicho lo anterior, me explico. Por estas fechas no me es sencillo encontrar momentos de tranquilidad. Hace ya un año que campaba por México y apenas puedo asimilar lo rápido que pasa el tiempo y lo mucho que cambia(n) la(s) vida(s). Lo rápido que las fechas, las ferias del libro, las navidades y otras efemérides decembrinas (a veces dulces, a veces amargas, depende de dónde uno haya acertado o la haya cagado) se suceden en mi cabeza a ritmo de martillazos, por lo duro de sus impactos.

Y esta deliciosa voz que podrán escuchar arriba mediante la sencilla operación de dar un doble clic a la pantalla de este blog/desfoguecurativo/salvadidas que tengo, creo que podrá ayudarme a dormir un poco más tranquilo…es preciosa, me cae. Espero que a alguno de ustedes también. Y si estos días pueden dormir bien, no como yo, entonces simplemente disfrútenla.

PD. Próximo miércoles, marcado con rojo en el calendario. Un brindis por todos y todas los que sé que estarán conmigo, in situ o desde cualquier lugar de este planeta.

martes, 20 de noviembre de 2007

Ya no es como ayer


Dos domingos seguidos con notable dolor de piernas por jugar al fútbol apenas durante un par de horas (pinches 30); relaciones que se mueven, se transforman y crecen a diestra y siniestra a mi alrededor –bien dicen que la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma-; bebés italo/mexicanas que parecen estar a punto de hablar; Interpol (por fin) al lado de mi hermano y de unos sorbos de whisky introducido clandestinamente al Razz; las primeras clases en mi vida impartidas a un más que decente grupo de adolescentes de primero de Licenciatura… ¿Qué prisa trae el mundo para ir a esta encabronada velocidad?

No es queja, es sólo una observación, pero que no por ello deja de hacerme pensar en todo lo que se mueve a un lado de nosotros o del otro lado del mundo, lo queramos o no, lo planeemos o no.

Tenemos dos opciones: seguirle el ritmo al mundo o tratar de establecer uno propio. Personalmente me inclino por la segunda opción, aunque en ocasiones sea inevitable ser arrastrados por la primera.

Noviembre prácticamente se esfuma, y seguro que diciembre será lo mismo, por lo menos para mí; ese dolor casi agradable en el estómago y los nervios se incrementan día con día, al igual que las preguntas sobre las cruces en el calendario que me restan en esta, ahora, fría ciudad.

La tesina finalmente tiene fecha de lectura, después de un largo y aburrido proceso burocrático; otra fecha más para añadir en mi ya larga colección de deadlines.

Como parte de esa filosofía de marcar un ritmo propio en este alocado mundo, ya he sacado un par de billetes de avión para visitar por tercera vez París, dándome el lujo de hacerlo esta vez con mi hermano Álvaro. Casi no tengo dinero y todavía no conozco Madrid (mi primera opción), pero ni hablar, es mucho, pero mucho más tentador lanzarme a tierras francesas con rumbo al Sena al lado de mi carnal antes de volver a cruzar el Atlántico que ir hacia la capital española.

El reencuentro con aquellas inolvidables calles de París no será fácil, lo veo venir.
Historias, trayectos, encuentros, Arcos, hoteles a medianoche… mi madre en el Jardín de las Tuileries, mi hermano Adolfo y yo corriendo por el metro para ir al Parque de los Príncipes, el estadio parisino, el café recién hecho con Mario. Ya vienen por mí la tristeza, la alegría, la nostalgia, el amor, muchas sonrisas, varias lágrimas.

Así es la vida ¿no?

Y para equilibrar un poco este post (este martes no tengo el ánimo muy festivo que digamos. Estoy triste vamos) puse algo de música pa’ bailar un ratito. Así, cuando vea este texto en algunos años recordaré que la vida siempre tiene, por lo menos, dos caras, aunque justo ahora me cueste un poco creerme la frase.

Mañana espero poder decir: Ya no es como ayer.

lunes, 12 de noviembre de 2007

The Office



Como Youtube me eliminó el otro video, lo sustituyo por éste...de nada.
¿Me ha pagado la NBC? ¿He caído sin oponer resistencia en las garras de los Goo Goo Dolls? ¿Estoy ante una de las mejores series de la historia? ¿Suena exagerado esto último?

Bueno, lo único absolutamente falso es que la NBC me esté pagando por promocionar “The Office”, una serie obscenamente divertida a la cual me enganché gracias a que el Álvaro se trajo varios DVD’s piratas ahora que llegó a Barcelona. No percibo ingreso alguno por este post, simplemente siento la obligación moral de dar a conocer por este humilde medio uno de esos maravillosos productos televisivos que salen cada 10 ó 15 años (Simpsons, Seinfeld) y que, según los sondeos y focus group realizados en Barcelona, “está de verdad poca madre”. No he encontrado a alguien que no se haya cagado de la risa pues.

Y para explicar la inclusión de esta canción (que me gusta un buen, no lo niego), debo explicar rápido que:

Dentro del acidísimo humor negro de la serie y a pesar de los freaks que ocupan dicha oficina dedicada a vender papel -con Dwight a la cabeza (gran personaje)- hay una historia de amor súper chingona entre Jim (vendedor) y Pam (recepcionista) que por sí sola ya vale la pena para quien quiera entrarle a la serie.

Así que antes de recibir tomatazos por culpa de un video que de entrada puede parecer bieeen cursi, denle chance y luego vean el otro que incluí y síganle en Youtube o en Mixup… y si les gusta lo que ven y escuchan, pues corran la voz, emulen a los Apóstoles y háganle un favor a los amantes de la tele “chida”.

Por cierto, la canción es "Let Love In..."

jueves, 8 de noviembre de 2007

Las Muelas me Ven Feo


Antes, mi boca solía ser terreno libre de azúcares, rastros de caries, encías inflamadas y demás señales de que uno no le está metiendo al organismo lo que la naturaleza manda…pero es que la naturaleza no tiene ni idea de lo ricas que son las coquitas de gomita.

Con el frío (y sin él) aparece la necesidad de contar con más calorías en el cuerpo, mismas que yo hace años buscaba en churros, chocolates, dulces y gusgueras, digamos, más tradicionales, como los mazapanes, los Gansitos o los Napolitanos. Pero eso era “antes”.

Ahora, gracias a las tienditas de “xuxes” de Barcelona (Traducción: Dulces y demás antojos llenos de azúcar y sabores aciditos), y a la intervención hace ya tiempo de alguna intermediaria, esas delicias que ven en la foto se han vuelto parte de la dieta semanal de un servidor.

Empecé por las “coquitas”, seguí con las tiritas aciditas, le entré duro a unos tubos sabor fresa con un centro como sabor a vainilla buenísimo, pasé directo a los “xuxes duros”, o sea, esos mismos tubos pero escarchados con más azúcar…, y de vuelta con las cocas, pero ahora las verdes chiquitas. Todo está buenísimo, pero mis dientes lo resienten; hasta yo que soy bien descuidado con esas cosas me doy cuenta.

Lo peor de este asunto es que nadie de los que conozco les hace el feo; todos le meten mano a mis bolsitas de dulces, aunque debo decir que tengo la fortuna de tener una tiendita bien surtida apenas en Girona y Gran Vía, a una cuadra del piso, así que cada que paso por ahí me surto de más caries.

Pero no me importa mucho. El sabor lo vale. Y los recuerdos también.

martes, 23 de octubre de 2007

Ruta K. de bajo coste a Praga


Últimamente he recordado mucho a Kafka. Primero fue una charla frente a un café, frente a una amiga. Luego, medio dormido, medio despierto, me he enfundado muy temprano en aquella camiseta negra que compré en mi viaje a la ciudad que él tanto amó y odió, y en la cual aparece el rostro del escritor trazado caóticamente debajo de su firma. Cuando ya un poco más despierto llegué a la universidad, no pude menos que sonreír ante la “coincidencia” entre mi ropa y mis pensamientos.

Allá en Praga, hace un par de años, experimenté la más cruda sensación de soledad que recuerde en mi vida.

Recorrer los pasos de Kafka de su casa al colegio; enfrentarme junto con él a las largas y conflictivas sombras de nuestros padres; no tener a nadie con quién hablar pero sí a quién extrañar; meterme como poseso a una iglesia de la que ahora no recuerdo su nombre para llorar a placer (qué paradoja, pero qué bien hace llorar), alejado de las molestas y curiosas miradas de los turistas que abarrotan Praga o fumar un cigarro tras otro junto a las aguas del Moldava, son retazos de la memoria que en los últimos días se han ido repitiendo en mi cabeza.

Kafka ha estado conmigo durante años y siempre ha sido fiel y leal a mis ruegos por reencontrarme con un párrafo de literatura celestial o con una frase capaz de voltear tu día...o tu vida. ¿Qué más le puedo pedir?

La soledad de Praga. Qué dura y qué necesaria al mismo tiempo. La soledad de la literatura. El amor por las palabras escritas que confortan y que revuelven el estómago.

"No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas. Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que vives”, dice K, y cuando lo dice su tiempo y el mío se difuminan, se hermanan, se yuxtaponen y se abre el cielo. La tinta que derramó sobre un papel cuando nacía el Siglo XX viaja generosa, llega hasta Barcelona y me obliga a ofrecerle una triste, una agridulce reverencia al autor.

K. sufrió, y no es lugar aquí para hacer recuento de aquello. Pero, aunque parezca imposible, no puedo negar que mi admiración por su paciencia y ese par de piernas que lo sostuvieron durante décadas, compite con la que tengo por su literatura...al decir esto casi me siento casi blasfemo.

Hay que permitirle al mundo que gire, pero, como ocurre con las ruedas giratorias de los parques, siempre estar atentos a esa vuelta en la que nos dejará subirnos sin rompernos el hocico.

“Todos los errores humanos son fruto de la impaciencia. Interrupción prematura de un proceso ordenado, obstáculo artificial levantado al derredor de una realidad artificial... En la lucha entre uno y el mundo, hay que estar de parte del mundo.”

Otra vez K. Siempre K. Gracias K.

lunes, 15 de octubre de 2007

Fragmentos de un Western


Miró dentro de sí y reconoció la implacable e incontestable lógica en las palabras de quienes lo diseccionaban desde lejos. No había manera de mostrar el reverso de su piel, su alma y sus entrañas; la impotencia ante tal evidencia se hizo insoportable. Llamó entonces a la musa Paciencia y se aprestó a convivir con ella, entregándose en cuerpo y alma a sus designios.

Miró fuera de sí y se encontró con una larga hilera de interminables días que bailaban entre la tristeza más profunda y preciados momentos de tranquilidad y alegría. Encontró consuelo entre quienes lo observaban de cerca.

Miró hacia los dos lados de la carretera. En ninguno de los dos se vislumbraba ni gente, ni tráfico, ni pesado, ni ligero. Pero en uno de los lados el camino estaba agrietado, descuidado y lleno de espinas no llegadas ahí por casualidad; muchas las había puesto él. La vegetación había dejado de ser verde y aromática, formando un desolador paisaje digno de un viejo drama de cine Western.

Del otro lado el camino se tornaba borroso apenas unos metros más allá de lo que la vista alcanzaba a percibir; una especie de cortina de humo, tierra y recuerdos se empeñaba en cubrir el paisaje que se dibujaba en aquella dirección.

Absurdo volver los pasos hacia atrás; imposible no querer destruir por completo el viejo camino; imposible no querer meterse a través de la nube de polvo y seguir los impulsos internos que guiaban sus movimientos; imposible no querer incendiar el pasado y con sus cenizas abonar la nueva tierra y cuidar todos los frutos que de ella surjan.

Porque mucho más allá de la nube cegadora, apenas visible desde el lugar en que se encontraba, una tenue luz, suave como el reflejo de un faro sobre el agua y bella como la primera luz que ve el día, era ya suficiente motivación para que el corazón no se rindiera.

Aunque sólo fuera para mirarla más de cerca; aunque sólo fuera un espejismo.

lunes, 8 de octubre de 2007

Un Domingo, no Cualquiera


Por fin nos tocó ir todos juntos al Camp Nou. Le debo algo al de arriba.


¿Por dónde se empieza a contar un día tan grande como el que viví el domingo 7 de octubre del 2007?

Intentaré hacerlo comenzando dando las “buenas noticias” y luego las “malas noticias”:

El cumpleaños de Fabio fue el enorme, el grandioso pretexto que se me presentó para ir al Camp Nou a ver al Barça ganar 3-0 al Atlético de Madrid, acompañado de cuatro de las personas que más quiero en este mundo. El día fue precioso, sin nubes en el cielo, con un estadio casi lleno, con unos amigos y un hermano que apenas podría alcanzar a abrazar con la fuerza suficiente para decirles lo mucho que les aprecio y agradezco que hayan coexistido conmigo en Barcelona.

Con la victoria culé y varias, varias, varias cervezas metidas en el cuerpo, salimos de la Catedral de Barcelona y nos fuimos a seguir el festejo con más de esas personas que a uno le hacen la vida. En casa de Fabio Lulú y Chary ya tenían casi lista la tragadera (unos tacos de barbacoa estilo “Raúl”, otro personaje inigualable). Más tarde llegaría Mariana…, en resumen, una tarde/noche redonda. Y como cereza del pastel una Chiara en el dormitorio soñando por todos nosotros, más linda que nunca.

Y ésta es la segunda parte de “un domingo no cualquiera”:

Cómo los voy a extrañar putísima madre... En el Metro de regreso apenas pude hablar, concentrado en observar a los demás opinar sobre Messi, sobre la cena que nos esperaba, sobre los planes a futuro, sobre lo bien que es ir al fútbol con amigos, sobre las relaciones, sobre lo que queremos de nuestras vidas no en 4 ó 5, sino en 20 ó 30 años.

Dejaré de ver crecer a Chiara (sólo por un tiempo, lo sé, pero igual pesa), dejaré de charlar con Fabio sobre su Inter, dejaré mis insustituibles y sabrosísimas charlas en vivo con la Chinita, dejaré de mirar al mundo acompañado de la ácida mirada del Luis, dejaré de aventurarme por los numerosos caminos de la mente de la Chary, dejaré de reírme con el Diego cuando está fumado o cuando vemos MTV echados en el sofá tomando vino, abandonaré las ocasionales visitas al Camp Nou para ver al gran Barça…, dejaré a mi hermano cuando recién comenzaba nuestro periplo europeo y eso me duele un huevo, pero él lo entiende, es encabronadamente inteligente y sensible.

Dejaré de tener cerca (por lo menos físicamente) a la Faba y al Diego, y en este punto ni siquiera sé cómo terminar el párrafo, lo siento.

Y que nadie de los mencionados me lo tome a mal, por favor, pero este domingo cualquiera, a pesar de todo lo aquí escrito, me sentí más feliz que nunca con lo decidido.

Si alguien sabe de alguna buena fiesta el 24 de enero en Guadalajara o Zapopan (o hasta en Tlaquepaque, ¿cuál es el pedo?), avíseme.

















miércoles, 3 de octubre de 2007

Aquí está

Esto que ven es una tesina.

Para ser más específicos, ésta es mi tesina, por fin, aprobada y todo y lista para ser leída y calificada.

Ha quedado más grande de lo que hubiera esperado y deseado, siendo sincero.

A ver, primero porque debido a las extrañas reglas de la universidad tuve que ampliar los espacios entre los renglones e imprimir sólo en uno de los lados de las hojas, o sea, puro gasto innecesario de papel. Como si a estas alturas tuviéramos de sobra.

Así que por ahí me verán estos días cargando varios mamotretos de un kilo y medio (o hasta dos) metidos en la mochila mientras camino por los pasillos de la universidad, por Plaça Catalunya, La Rambla, Gràcia y demás rinconcitos citadinos y despachos académicos a los que tengo que llevar dichas piedras mientras encuentro a los simpáticos sinodales que formarán mi tribunal y así poder dejarles sus respectivas copias.

¡Ya casi es el día puta madre!

Al ver ese montón de papeles encuadernados me pongo a pensar en todo lo que ha pasado desde que se me ocurrió embarcarme en este viaje, decidí el tema, empecé a buscar libros, redactar borradores, imaginarme índices y a preguntarle a unas y otras personas cómo la veían, qué opinaban, qué le quitarían o qué le pondrían.

Es un punto y aparte, ni más (aquí se pone coma o no? Ayuda) ni menos. Me emociona muchísimo terminar con este laaargo trámite, cerrar una puerta y de paso abrir muchas otras que ya están frente a mis narices…, y miren que tengo narices.

Gracias de todo corazón, a todos y a todas (Fox dixit) los y las que aportaron para que pudiera terminar esta tesina.

Gracias, porque sin todos ustedes, sin sus sombrerazos, consejos, críticas, puntos de vista y alientos nunca lo hubiera conseguido.